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Un senegalés evita el robo de un estanco en A Coruña.
02-09-2010

Reproducimos aquí una historia muy bonita publicada ayer en el diario La Voz de Galicia sore como Mohamed Mamadou, un chico senegalés, evitó el robo de un estanco el pasado domingo en A Coruña. 

"Mohamed Mamadou se cruzó a las seis de la madrugada del domingo en el portal de su edificio con un hombre sudoroso, arrastrando bolsas llenas de tabaco y se mosqueó. No tenía sentido alguno que un individuo al que no había visto en su vida anduviera a esas horas a oscuras y carretando cartones de cigarrillos. Muy escamado, Mamadou, de nacionalidad senegalesa y vendedor ambulante, llamó a la policía y se enfrentó a los rateros, que se desinflaron ante un hombre de 190 centímetros de altura y con unos brazos como jamones. Huyeron porque este vecino del 231 de la avenida de Finisterre está recién operado de la rodilla y no podía correr. Pero sin el botín. No fuera que Mamadou se enfadase.

El sábado por la noche, este hombre decidió no salir a vender género por los pubs debido a que su esposa no se encontraba bien. Se quedó en casa cuidándola y el domingo despertó temprano. Rezó -es musulmán- y al terminar las oraciones se animó a dar un paseo. Pasaban pocos minutos de las seis de la madrugada. En el portal se encontró con un hombre a oscuras. «Encendí la luz y le pregunté qué es lo que hacía, si vivía en el edificio», recuerda. El joven le contestó que residía en el 1º B. Mentira. «En el 1º B no vive nadie, está abandonado», según precisa un suspicaz Mohamed, lo que lo puso en la pista de que aquel individuo no estaba haciendo nada bueno. Así que lo siguió hasta la puerta de ese piso y vio como el joven la abría y se metía en la vivienda vacía.

Llamada a la policía

Convencido de que en su edificio se estaba cometiendo una tropelía, volvió a subir a casa y alertó a un compañero de piso de que había que llamar a la policía. Lo hizo. Pero no quiso ni pudo quedarse ahí de brazos cruzados. Decidió esperar a los agentes en el portal y retener a los ladrones. Bajó y al poco tiempo vio a un joven, distinto al primero, «con la camiseta empapada en sudor, bolsas llenas de tabaco en las manos y acompañado de una chica rubia y bajita». Mohamed les llamó la atención. Les salió al paso, les gritó qué es lo que estaban haciendo y aún no había terminado sus palabras cuando el delincuente echó a correr. Mohamed salió tras él, pero se vio incapaz «porque me operaron de la rodilla hace poco y no puedo correr».

Regresó al portal, donde estaba la chica, a la que se había unido el joven que se había ocultado en el 1º B. Les dijo que la policía estaba a punto de llegar. Eso es lo que creía en aquel entonces Mohamed, que tuvo que esperar «40 minutos» a que por allí se presentasen unos agentes.

Huida

Cuando estos llegaron, de los ladrones no había ni rastro. Lo bueno, que no se pudieron llevar del estanco ni una colilla. Porque Mamadou no quiso. De ahí que los propietarios del estanco quisieran agradecer su valor entregándole «una cantidad de dinero». Pero él presume de que lo volvería a hacer. Y no por recompensa alguna. «Yo lo hice porque me nació». Pues lo que le nació evitó que los propietarios del negocio perdiesen varios miles de euros en mercancía, pues dos días antes habían llenado todo el almacén. Eso da que pensar a la policía de que las personas que estaban detrás de este robo sabían muchas cosas. Demasiadas como para asumir que idearon el golpe en el momento.

Alguien cercano al edificio, que haya vivido en él o tuviese un conocido en el mismo les tuvo que poner sobre la pista de que si se abría un hueco detrás de los contadores se accedería a un local abandonado y de ahí, haciendo un nuevo butrón se accedía al estanco que, por cierto, estaba lleno de género porque el viernes habían repuesto el almacén. O los rateros son adivinos o hay gato encerrado. Y aquí parece que el gato aúlla por los cuatro costados."

 FuenteLa Voz de Galicia



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