
GEMMA MALVIDO | A CORUÑA Desde conjugar el verbo saltar a identificar una cuerda, decir cómo se llama cada uno y qué espera de su nueva vida. Las puertas de la Facultad de Ciencias da Educación se abrieron ayer para acoger unas clases especiales y a unos alumnos poco habituales. La asociación Equus Zebra llevó sus lecciones de español para inmigrantes a la escuela en la que los profesores enseñan a los aspirantes a serlo a ejercer la profesión de transmitir conocimientos. Sus maestros son voluntarios -desde jóvenes que compaginan las horas de aula con sus estudios hasta profesionales retiradas que reviven su vocación ante un público que asiste porque necesita aprender- y la afluencia a las clases depende de cosas tan aleatorias como el tiempo o el flujo de venta, y es que algunos de los asistentes a estas clases de toma de contacto con el país al que han llegado se dedican a la venta ambulante de discos y de bisutería.
